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(TODOEXITO.NET) SANTO DOMINGO. Los precios de los productos y servicios que integran la canasta familiar de los más pobres registraron la mayor subida durante el último año, de acuerdo a los datos publicados la semana pasada por el Banco Central de la República Dominicana (BCRD). En el transcurso de los últimos doce meses la cesta básica de las familias que sufren mayor exclusión social fue 4.3 % más cara que hace un año, al pasar de RD$13,220.72 en marzo de 2017 hasta los RD$13,783.77 al cierre del mes pasado. Al analizar este incremento, el economista Miguel Collado Di Franco manifestó que es obvio que causa un mayor impacto en los hogares de menos ingresos, a quienes se le dificultaría más acceder a los productos de la canasta familiar. somos Grup.Martmarg


Alfonso Rodríguez/EFE
SAN JUAN
Puerto Rico se encuentra, cuando se cumplen cuatro meses del paso del huracán María, con cerca del 40 % de su población sin electricidad y a la espera de recibir las ayudas aprobadas por el Congreso de EE.UU. para la reconstrucción.
La isla recibió el pasado 20 de septiembre el castigo de un huracán, María, que significó un antes y un después para esta territorio caribeño de cerca de 3,5 millones de habitantes, que hoy espera con desesperación la ayuda financiera aprobada en Washington para echar a andar un país con una situación financiera crítica.
El panorama no invita al optimismo, ya que la estatal Autoridad para la Energía Eléctrica (AEE) solo ha podido devolver un servicio tan básico como es el de la electricidad al 63,5 % de sus abonados, según datos oficiales divulgados hoy, un porcentaje que muchos critican es inadmisible en un territorio que es un Estado Libre Asociado a Estados Unidos, el país más poderoso del mundo.
Aunque la capital, San Juan, presenta un aspecto de cierta normalidad en los municipios más remotos y del interior la situación es muy diferente, sin electricidad cuatro meses después del histórico huracán y, lo peor, sin una fecha segura de cuando llegará el servicio.
El agua es un bien que tampoco disfrutan todos, ya que cerca del 10 % de la población espera todavía abrir los grifos para sus tareas más cotidianas.
La consecuencia de todo ello es un éxodo migratorio considerado histórico que todavía no se ha podido cuantificar por falta de datos oficiales, aunque tomando como base estadísticas de movimiento de pasajeros en los aeropuertos algunos expertos en demografía hablan de cientos de miles de personas que han dejado la isla, para un territorio de solo 3,5 millones.
Las autoridades de Florida, el destino preferido por los puertorriqueños en los últimos años, han barajado cifras de más de 200.000 personas que han buscado una mejor vida en este estado del sureste de Estados Unidos que tiene a Miami como principal imán de atracción.
El éxodo masivo de puertorriqueños en busca de unas condiciones dignas no es solo cifras, sino una realidad sangrante que tiene nombres y apellidos.
Un recorrido por las calles de la capital deja ver cómo infinidad de negocios no ha abierto sus puertas todavía desde aquel fatídico 20 de septiembre y lo que es peor, nunca lo volverán hacer.
Muchos pequeños negocios, sin electricidad, no tuvieron más remedio que recurrir a generadores alimentados por diesel para disponer de energía, lo que supone un sobrecoste para sus cuentas que algunos pudieron soportar y otros no.
Muchas personas abandonaron la isla de forma inmediata y dejaron todo atrás, incluidos automóviles y casas que pagaban, lo que hace incierto qué pasará cuando regresen.
El éxodo no son solo cifras, sino que tiene nombre y apellidos, como el de Luis Ramírez, de San Juan, quien dijo hoy a Efe que se vio obligado a cerrar la tienda de ropa de hombre de gama alta que puso en marcha hace año y medio.
"El negocio atravesaba ya de por sí una situación complicada de ventas, pero decidí no abrir después de dos meses sin electricidad", aseguró Ramírez, quien en semanas buscará una oportunidad en Estados Unidos.
El país norteamericano se ha convertido en la válvula de escape para quienes se van, gracias a que los puertorriqueños cuentan con pasaporte estadounidense.
El éxodo, sin embargo, no es un camino de rosas, como lo demuestra el que las autoridades puertorriqueñas manifiesten su inquietud por la suerte de quienes se instalaron en Estados Unidos.
Recientemente fue anunciada una iniciativa del Legislativo de San Juan para investigar la situación de los miles de puertorriqueños que se presentaron en Florida sin nada, ante el temor de que muchos vivan momentos críticos.
Los que se han quedado tienen ante sí un panorama también difícil, especialmente después de conocerse que el préstamo de emergencia -de casi 5.000 millones de dólares- aprobado por el Congreso estadounidense para ayudas por el huracán María no se desembolsará hasta que quede probado que el Gobierno de San Juan está sin un céntimo.
Antes de que el dinero llegue, que el Gobierno de Ricardo Rosselló espera de forma desesperada, la Junta de Supervisión Fiscal, que es la entidad federal impuesta por Washington para tratar el asunto de la deuda, deberá certificar tras un exhaustivo estudio que las arcas públicas están, efectivamente, en números rojos.
Cientos de miles de puertorriqueños esperan mientras que les llegue la electricidad para dar normalidad a unas vidas que quedaron trastocadas por un huracán que es parte ya de la historia de esta isla.

P.Rico en espera aún de electricidad y ayudas tras 4 meses del huracán María



Alfonso Rodríguez/EFE
SAN JUAN
Puerto Rico se encuentra, cuando se cumplen cuatro meses del paso del huracán María, con cerca del 40 % de su población sin electricidad y a la espera de recibir las ayudas aprobadas por el Congreso de EE.UU. para la reconstrucción.
La isla recibió el pasado 20 de septiembre el castigo de un huracán, María, que significó un antes y un después para esta territorio caribeño de cerca de 3,5 millones de habitantes, que hoy espera con desesperación la ayuda financiera aprobada en Washington para echar a andar un país con una situación financiera crítica.
El panorama no invita al optimismo, ya que la estatal Autoridad para la Energía Eléctrica (AEE) solo ha podido devolver un servicio tan básico como es el de la electricidad al 63,5 % de sus abonados, según datos oficiales divulgados hoy, un porcentaje que muchos critican es inadmisible en un territorio que es un Estado Libre Asociado a Estados Unidos, el país más poderoso del mundo.
Aunque la capital, San Juan, presenta un aspecto de cierta normalidad en los municipios más remotos y del interior la situación es muy diferente, sin electricidad cuatro meses después del histórico huracán y, lo peor, sin una fecha segura de cuando llegará el servicio.
El agua es un bien que tampoco disfrutan todos, ya que cerca del 10 % de la población espera todavía abrir los grifos para sus tareas más cotidianas.
La consecuencia de todo ello es un éxodo migratorio considerado histórico que todavía no se ha podido cuantificar por falta de datos oficiales, aunque tomando como base estadísticas de movimiento de pasajeros en los aeropuertos algunos expertos en demografía hablan de cientos de miles de personas que han dejado la isla, para un territorio de solo 3,5 millones.
Las autoridades de Florida, el destino preferido por los puertorriqueños en los últimos años, han barajado cifras de más de 200.000 personas que han buscado una mejor vida en este estado del sureste de Estados Unidos que tiene a Miami como principal imán de atracción.
El éxodo masivo de puertorriqueños en busca de unas condiciones dignas no es solo cifras, sino una realidad sangrante que tiene nombres y apellidos.
Un recorrido por las calles de la capital deja ver cómo infinidad de negocios no ha abierto sus puertas todavía desde aquel fatídico 20 de septiembre y lo que es peor, nunca lo volverán hacer.
Muchos pequeños negocios, sin electricidad, no tuvieron más remedio que recurrir a generadores alimentados por diesel para disponer de energía, lo que supone un sobrecoste para sus cuentas que algunos pudieron soportar y otros no.
Muchas personas abandonaron la isla de forma inmediata y dejaron todo atrás, incluidos automóviles y casas que pagaban, lo que hace incierto qué pasará cuando regresen.
El éxodo no son solo cifras, sino que tiene nombre y apellidos, como el de Luis Ramírez, de San Juan, quien dijo hoy a Efe que se vio obligado a cerrar la tienda de ropa de hombre de gama alta que puso en marcha hace año y medio.
"El negocio atravesaba ya de por sí una situación complicada de ventas, pero decidí no abrir después de dos meses sin electricidad", aseguró Ramírez, quien en semanas buscará una oportunidad en Estados Unidos.
El país norteamericano se ha convertido en la válvula de escape para quienes se van, gracias a que los puertorriqueños cuentan con pasaporte estadounidense.
El éxodo, sin embargo, no es un camino de rosas, como lo demuestra el que las autoridades puertorriqueñas manifiesten su inquietud por la suerte de quienes se instalaron en Estados Unidos.
Recientemente fue anunciada una iniciativa del Legislativo de San Juan para investigar la situación de los miles de puertorriqueños que se presentaron en Florida sin nada, ante el temor de que muchos vivan momentos críticos.
Los que se han quedado tienen ante sí un panorama también difícil, especialmente después de conocerse que el préstamo de emergencia -de casi 5.000 millones de dólares- aprobado por el Congreso estadounidense para ayudas por el huracán María no se desembolsará hasta que quede probado que el Gobierno de San Juan está sin un céntimo.
Antes de que el dinero llegue, que el Gobierno de Ricardo Rosselló espera de forma desesperada, la Junta de Supervisión Fiscal, que es la entidad federal impuesta por Washington para tratar el asunto de la deuda, deberá certificar tras un exhaustivo estudio que las arcas públicas están, efectivamente, en números rojos.
Cientos de miles de puertorriqueños esperan mientras que les llegue la electricidad para dar normalidad a unas vidas que quedaron trastocadas por un huracán que es parte ya de la historia de esta isla.