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BARCELONA (ESPAÑA). Recibir educación sobre cómo están elaborados los platos que comemos puede ayudar a crear sensación de saciedad y bienestar en las personas con enfermedades digestivas, según un estudio elaborado conjuntamente por médicos y cocineros.
Digestólogos del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y cocineros del restaurante El Celler de Can Roca, en Gerona, han colaborado en este estudio que demuestra que el proceso educativo sobre la comida podría ser la clave para tratar a los pacientes que tienen sensación de malestar, sin motivo aparente, tras la ingesta de alimentos.
El experimento ha consistido en estudiar a un grupo de 12 personas que bebieron el mismo caldo en dos días diferentes, primero sin saber cuál era su contenido y después sabiendo todos sus ingredientes y la forma en que había sido cocinado.
Antes y después de cada ingesta, los voluntarios tenían que rellenar un cuestionario señalando sus grados de saciedad, molestia y dolor abdominal, bienestar digestivo y estado de ánimo.
En todos los casos, los pacientes se sintieron más saciados, con más bienestar y de mejor humor tras la segunda ingesta, sabiendo lo que habían comido.
Además, se hizo el mismo experimento con otro grupo de 12 personas que no recibieron educación en ninguna de las dos ingestas, y que, por lo tanto, tampoco cambiaron sus sensaciones entre una y la otra.
Presentación
Durante la presentación, la modelo Judit Mascó y el meteorólogo Tomás Molina realizaron el experimento en directo, haciendo la segunda ingesta y comparándola con la primera, que hicieron hace unos días.
El copropietario de El Celler de Can Roca, Josep Roca, les explicó cómo había sido realizada la sopa: a baja temperatura y con la misma porción de agua que de verdura, y ha detallado todos los ingredientes.
Tras conocer estos datos, ambos invitados reflejaron en sus cuestionarios que no solo les había sentado mejor que en la primera ingesta, sino que también la habían notado más buena de sabor.
Además, ambos realizaron una prueba en la que ingirieron el contenido de cinco tubos de ensayo con sabores básicos (dulce, salado, umami, ácido y amargo) sin saber cuál era cuál, y reconocieron que era difícil adivinar los sabores.
Mascó consideró que es importante ser consciente de lo que comes y pensar en ello, “ya que estamos acostumbrados a comer rápido y pensando en otras cosas -como el móvil o la televisión- y así la comida no sienta bien”.
El jefe del servicio y del grupo de investigación del aparato digestivo del hospital, Fernando Azpiroz, señaló que todavía no se sabe cómo va a ser el proceso práctico de esta educación a los pacientes, pero precisó que “ya están empezando a reclutar pacientes con síntomas digestivos para empezar a observar los resultados y ver si pueden modificar su conducta”.
Primeros casos
Explicó que los primeros casos a tratar serán aquellos que tienen síntomas de malestar sin causa aparente que lo justifique, pero que también prevén tratar pacientes con otras enfermedades base que les causan problemas digestivos.
Así como pacientes con trastornos alimenticios, que se sacian demasiado rápido o que necesitan regular su ingesta.
Por su parte, Josep Roca aseguró que este tipo de estudios pueden ser útiles también en el ámbito culinario, ya que “en el futuro se deberá superar la idea de creación artística y aprender a dar al cliente aquello que le siente mejor”, a través de los conocimientos que puede aportar la ciencia sensorial.
De los males gástricos
Las dolencias gástricas no solo se concentran en el estómago, también el intestino delgado, el colon, el esófago, el hígado, el páncreas o la vesícula biliar pueden verse afectadas como partes del aparato digestivo. Lo ideal es una dieta sin ácidos sin comidas elaboradas.

Saber lo que comemos puede ayudar a crear sensación de saciedad



BARCELONA (ESPAÑA). Recibir educación sobre cómo están elaborados los platos que comemos puede ayudar a crear sensación de saciedad y bienestar en las personas con enfermedades digestivas, según un estudio elaborado conjuntamente por médicos y cocineros.
Digestólogos del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y cocineros del restaurante El Celler de Can Roca, en Gerona, han colaborado en este estudio que demuestra que el proceso educativo sobre la comida podría ser la clave para tratar a los pacientes que tienen sensación de malestar, sin motivo aparente, tras la ingesta de alimentos.
El experimento ha consistido en estudiar a un grupo de 12 personas que bebieron el mismo caldo en dos días diferentes, primero sin saber cuál era su contenido y después sabiendo todos sus ingredientes y la forma en que había sido cocinado.
Antes y después de cada ingesta, los voluntarios tenían que rellenar un cuestionario señalando sus grados de saciedad, molestia y dolor abdominal, bienestar digestivo y estado de ánimo.
En todos los casos, los pacientes se sintieron más saciados, con más bienestar y de mejor humor tras la segunda ingesta, sabiendo lo que habían comido.
Además, se hizo el mismo experimento con otro grupo de 12 personas que no recibieron educación en ninguna de las dos ingestas, y que, por lo tanto, tampoco cambiaron sus sensaciones entre una y la otra.
Presentación
Durante la presentación, la modelo Judit Mascó y el meteorólogo Tomás Molina realizaron el experimento en directo, haciendo la segunda ingesta y comparándola con la primera, que hicieron hace unos días.
El copropietario de El Celler de Can Roca, Josep Roca, les explicó cómo había sido realizada la sopa: a baja temperatura y con la misma porción de agua que de verdura, y ha detallado todos los ingredientes.
Tras conocer estos datos, ambos invitados reflejaron en sus cuestionarios que no solo les había sentado mejor que en la primera ingesta, sino que también la habían notado más buena de sabor.
Además, ambos realizaron una prueba en la que ingirieron el contenido de cinco tubos de ensayo con sabores básicos (dulce, salado, umami, ácido y amargo) sin saber cuál era cuál, y reconocieron que era difícil adivinar los sabores.
Mascó consideró que es importante ser consciente de lo que comes y pensar en ello, “ya que estamos acostumbrados a comer rápido y pensando en otras cosas -como el móvil o la televisión- y así la comida no sienta bien”.
El jefe del servicio y del grupo de investigación del aparato digestivo del hospital, Fernando Azpiroz, señaló que todavía no se sabe cómo va a ser el proceso práctico de esta educación a los pacientes, pero precisó que “ya están empezando a reclutar pacientes con síntomas digestivos para empezar a observar los resultados y ver si pueden modificar su conducta”.
Primeros casos
Explicó que los primeros casos a tratar serán aquellos que tienen síntomas de malestar sin causa aparente que lo justifique, pero que también prevén tratar pacientes con otras enfermedades base que les causan problemas digestivos.
Así como pacientes con trastornos alimenticios, que se sacian demasiado rápido o que necesitan regular su ingesta.
Por su parte, Josep Roca aseguró que este tipo de estudios pueden ser útiles también en el ámbito culinario, ya que “en el futuro se deberá superar la idea de creación artística y aprender a dar al cliente aquello que le siente mejor”, a través de los conocimientos que puede aportar la ciencia sensorial.
De los males gástricos
Las dolencias gástricas no solo se concentran en el estómago, también el intestino delgado, el colon, el esófago, el hígado, el páncreas o la vesícula biliar pueden verse afectadas como partes del aparato digestivo. Lo ideal es una dieta sin ácidos sin comidas elaboradas.