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Las hay muy jóvenes, como Vianela Reynoso Amparo, de trece años, y Darlenis Mercedes Bastardo, de doce. Las hay muy mayores, como Evangelista Méndez, de 71 años. Entre unas y otra, todas las edades y toda la indefensión imaginable. Entre unas y otra, con ellas mismas como testimonio, la violación sexual antecediendo al feminicidio, pero también como acto de poder masculino sobre sus cuerpos.
Entre 2005 y 2016 ocurrieron en el país 1,166 feminicidios. Más de cien mujeres asesinadas cada año por la violencia masculina. Una violencia exacerbada por el ego propietario, que no soporta la negativa de la mujer a seguir siendo abusada y tratada como bien consumible.
¿Por qué el más de un centenar de feminicidios cometidos cada año no desencadena la indignación pública? ¿Por qué el silencio? La respuesta es de una contundente dureza: porque la sociedad legitima la violencia contra las mujeres. La exponencial violencia de género no la sonroja.
Ni las organizaciones sociales, incluidos los partidos políticos, como tampoco el gobierno ni el Estado, consideran prioritarias las políticas públicas preventivas. Más allá de las declaraciones de circunstancia, el silencio sobre el cambio de cultura que erosione el machismo, caldo de cultivo del feminicidio, es también absoluto.
A reservas de otros enfoques, Diario Libre quiere poner a la sociedad frente al espejo de la violencia contra las mujeres. Quiere rescatar a las asesinadas del inmediato olvido invocando sus nombres y pincelando sus tragedias; hacer que sus rostros nos interpelen. Decir que las que van quedando en el camino no son una estadística, sino mujeres vitales, soñadoras, sonrientes. Vidas que dejaron de serlo antes de tiempo.
De esta desgraciada contabilidad están ausentes las mujeres muertas en otras circunstancias que las categorizadas como feminicidio íntimo y feminicidio no íntimo. Los casos fueron buscados mes por mes en internet, lo que arriesga a omisiones. Los feminicidios no siempre aparecen en la prensa de circulación nacional, sino en publicaciones locales.
Este trabajo es deudor de un esfuerzo similar realizado por el periódico francés Libération.

Ellas se llamaban. Apenas unas líneas que informan sobre la muerte,



Las hay muy jóvenes, como Vianela Reynoso Amparo, de trece años, y Darlenis Mercedes Bastardo, de doce. Las hay muy mayores, como Evangelista Méndez, de 71 años. Entre unas y otra, todas las edades y toda la indefensión imaginable. Entre unas y otra, con ellas mismas como testimonio, la violación sexual antecediendo al feminicidio, pero también como acto de poder masculino sobre sus cuerpos.
Entre 2005 y 2016 ocurrieron en el país 1,166 feminicidios. Más de cien mujeres asesinadas cada año por la violencia masculina. Una violencia exacerbada por el ego propietario, que no soporta la negativa de la mujer a seguir siendo abusada y tratada como bien consumible.
¿Por qué el más de un centenar de feminicidios cometidos cada año no desencadena la indignación pública? ¿Por qué el silencio? La respuesta es de una contundente dureza: porque la sociedad legitima la violencia contra las mujeres. La exponencial violencia de género no la sonroja.
Ni las organizaciones sociales, incluidos los partidos políticos, como tampoco el gobierno ni el Estado, consideran prioritarias las políticas públicas preventivas. Más allá de las declaraciones de circunstancia, el silencio sobre el cambio de cultura que erosione el machismo, caldo de cultivo del feminicidio, es también absoluto.
A reservas de otros enfoques, Diario Libre quiere poner a la sociedad frente al espejo de la violencia contra las mujeres. Quiere rescatar a las asesinadas del inmediato olvido invocando sus nombres y pincelando sus tragedias; hacer que sus rostros nos interpelen. Decir que las que van quedando en el camino no son una estadística, sino mujeres vitales, soñadoras, sonrientes. Vidas que dejaron de serlo antes de tiempo.
De esta desgraciada contabilidad están ausentes las mujeres muertas en otras circunstancias que las categorizadas como feminicidio íntimo y feminicidio no íntimo. Los casos fueron buscados mes por mes en internet, lo que arriesga a omisiones. Los feminicidios no siempre aparecen en la prensa de circulación nacional, sino en publicaciones locales.
Este trabajo es deudor de un esfuerzo similar realizado por el periódico francés Libération.