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Diario Libre fue la “sombra” de un residente de la Maternidad La Altagracia durante una mañana y tuvo acceso a lugares donde la prensa no había entrado.  Son las 10:00 de la mañana y Karla (nombre ficticio) se prepara para operar a una embarazada en el Hospital Universitario Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia. Tiene un mes y 18 días que dio a luz con cesárea. Su mente se encuentra con la recién nacida.
—El pasado fin de semana dejé la niña con una señora que tenía 15 días en mi casa, este fin de semana ella estaba libre, y me tocó otra vez hacer guardia en el hospital, mi esposo se fue a trabajar y tuvo que dejar la niña con mi mamá, pero mi madre trabaja, por lo que tuvo que dejársela en su trabajo —relata la R3 (médico residente de tercer año) mientras avanza hacia la sala de cirugía.
En el territorio nacional, a las médicos residentes luego de alumbrar solo les otorgan 15 días libres si el parto fue normal y 20 con cesárea. En otros centros, 10 y 15 días, respectivamente.
—Recibimos el sueldo de Salud Pública solamente. En el contrato de residencia está prohibido que tengamos otro trabajo. Son alrededor de RD$36 mil el más alto, el más bajo RD$30, 400 —informó la R4 Rhadamelcis Castro, al ser cuestionada sobre este aspecto.
El Código de Trabajo de República Dominicana establece en su artículo 237 que: el descanso pre y post-natal nunca será menor de doce semanas. Esta cantidad aumentó a 14 semanas en febrero pasado, luego de que entrara en vigencia el Convenio 183 sobre Protección de la Maternidad de la Organización Internacional de Trabajo (OIT). Sin embargo, los médicos se rigen por un Reglamento de Residencias Médicas en el que les advierte de sanciones por incumplimientos. Ver Reglamento adjunto.
—Es algo inhumano, no piensan en el niño ni en la madre, porque tú vienes recién operada y tienes que cargar a los pacientes que están en cirugía, para pasarlos a la camilla y transportarlos porque aquí no hay suficientes camilleros —relata otra residente.
Cuando el estudiante concluye la carrera de Medicina y quiere especializarse en una de sus ramas, debe optar por estas residencias médicas. Comienzan como residentes de primer año (R1 en el lenguaje médico) y cada número de la R es un año de práctica y estudios. La especialidad dura cuatro años. Para graduarse, deben llegar a R4.

“Es algo inhumano, no piensan en el niño ni en la madre, porque tú vienes recién operada y tienes que cargar a los pacientes que están en cirugía, para pasarlos a la camilla y transportarlos porque aquí no hay suficientes camilleros”, relata una residente cuyo nombre se omite.

“Hay subespecialidades, como Ginecología Oncológica o Endocrinología, donde hay que hacer tres años más, por eso hay R5, R6 y R7, igual en Pediatría. El R1 es el que más trabaja, hace de todo, es pura mano de obra. El R2 es clínico, deciden si pueden entrar a sala y R3 es quirúrgico, es quien opera, el R4, es gerente, pero hace todo también”, explica Castro.
Siendo especialistas en el área elegida, pasan a ser médicos ayudantes (MA) y son los responsables de supervisar a los residentes.
A las 11:00 de la mañana y tras casi tres horas pasando visita sin descanso sala por sala junto a la MA Evelin Matos, la R4 Rhadamelcis Castro y un R3, el cansancio se comienza a sentir. Se ha revisado el récord de unas 60 pacientes, 15 por cada sala.
Cuando hacen guardia, los residentes dominicanos suelen trabajar alrededor de 36 horas continuas. El cansancio influye en la comisión de errores, dicen.
Revisando el expediente, la MA se da cuenta de que dos embarazadas que estaban para parir el día anterior permanecen en sala. La encargada establece sanciones a los residentes responsables; a estos le extienden sus horas de guardia. Las mujeres, ambas haitianas, tenían 38 semanas de embarazo. Pide canalizarlas para operarlas de inmediato.
En 2015 este centro de salud encabezó la lista de los hospitales con mayor número de muertes maternas en el país.  En una de las salas, Diario Libre conversa con uno de los residentes. Habla sobre las dificultades que enfrentan para hacer su trabajo. Subraya que los fines de semana, les falta equipos para trabajar.
En las bandejas de cirugía faltan pinzas, cauterio, aspiradores, más bandejas para cirugía, a veces tenemos carencias de hilos. No hay un lavadero decente para lavarnos las manos antes de entrar a sala de cirugía —.
En adición, explica, que los fines de semana solo dejan dos enfermeras de servicio, a veces hay dificultad con el personal de limpieza para que higienice a tiempo los quirófanos. Es una situación que no se presenta en la semana.
—Es como tener varios hospitales en un día. De 6:45 a 2:00 de la tarde, en la semana, aquí hay de todo y mucho personal. Pides un Dren (bolsa que colecta el líquido que hay en la cavidad) a esas horas, y aparece, si pasa de tarde y lo pides no aparece, tampoco de noche. Los fines de semana, las encargadas de departamento dejan todo bajo llave, eso dificulta el trabajo de los residentes —detalla.
Una señora reparte sábanas a las parturientas para que cambien la ropa de cama. Mientras una bachata de fondo sale al sonar el celular de una embarazada. El residente sigue su relato.
—Para el fin de semana ellas dejan cinco lápiz de cauterio, que es un aparato electrónico que si hay un vasito sangrando, le doy y deja de sangrar, eso es muy bueno para operar porque las pacientes sangran menos y hay menos anémicas. En cinco pacientes esos cinco lápices se acaban; si se presenta una emergencia no hay lápiz —precisa   En este hospital, es común ver pacientes “anémicas”, con hemoglobina en 7 y 9, mientras pasan visita. A algunas les piden depositar sangre para transfundirla, pero en el centro “no hay pintas”; es una deficiencia que impera en el lugar.
— ¡Rebeca te vas de alta! —se escucha decir a la MA, mientras continúa pasando visita. La MA se sorprende al ver que a una paciente de 18 años la “prepararon para no tener hijos”. Al ser cuestionada, explica, que la joven ha tenido tres embarazos con niños deformes y mueren al nacer. Nunca se hizo evaluaciones para saber el origen.
Al final de la explicación, el paso de un ratón detrás de las camas de dos parturientas, una con recién nacido en mano, capta la atención de la periodista. ¿Suele haber ratones aquí? pregunta. No, pero si en el patio, responden.
Este centro de salud recibe una gran afluencia de pacientes. El año pasado, practicaron 6,902 partos vaginales y 8,176 por cesárea.
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Es temporada baja en el hospital y se puede apreciar una paciente por cama. Para esta época, atienden entre 90 y 100 pacientes por día. Desde agosto a noviembre, esa cantidad se duplica. En las camas puedes encontrar hasta tres mujeres sentadas, confirma el personal.
La R4 Rhadamelcis Castro se dirige a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Allí hay tres mujeres en estado delicado. Una de ellas, “por un bloqueo masivo debido a una anestesia mal colocada por uno de los residentes”, explica. Castro le revisa el abdomen; lo encuentra más abultado de lo normal.
Las pacientes en estado crítico quedan en manos de otros residentes. Castro, de 32 años, pasa a inspeccionar los quirófanos. Allí a dos mujeres les hacen cesárea.
—Ahí vimos un R3 que opera y un R2 que lo instrumenta —expresa mientras se dirige a Sala de Expulsivo a realizar un parto normal.
Se coloca unos guantes, chequea los centímetros a la paciente y pasan a una camilla ginecológica. La joven criolla coloca los pies en alto, puja con evidentes signos de dolor en su rostro, la residente ensancha la pelvis y de manera diestra ayuda a sacar el neonato de siete meses. Al lado, un personal de limpieza sanea el área. El lugar no tiene privacidad.
La labor de parto tardó unos cuatro minutos. Otros residentes se encargarán de concluir. A las 12:00 del mediodía, Castro se dirige a tomar el desayuno, su primer bocado del día. Lo irrumpe los gritos de una joven, de 17 años, en el pasillo que intentaba “fugarse”.
Los fines de semana a los residentes les faltan equipos
En las bandejas de cirugía faltan pinzas, cauterio, aspiradores, más bandejas para cirugía, a veces tienen carencias de hilos. No hay un lavadero decente para lavarse las manos antes de entrar a sala de cirugía. Los fines de semana solo dejan dos enfermeras de servicio, a veces hay dificultad con el personal de limpieza para que higienice a tiempo los quirófanos.
— ¡Quiero irme de aquí, ya tengo seis días! —manifiesta, sudorosa. En sus manos carga la criatura a la que dio a luz el día anterior con cesárea. El neonato no ha comido desde entonces. Los residentes les dicen que no puede marcharse hasta que llegue un tutor. Un grupo de cuatro, intenta calmarla. Es un episodio común en el centro, aseguran. Mientras, Castro sube al tercer piso a atender una emergencia que se presentó en quirófano.
Son las 12:30 y el tiempo de Diario Libre en el hospital concluye. La MA se presenta a calmar la joven que quiere marcharse. A los residentes aún les queda una larga jornada de trabajo. 

Médicos residentes: “soldados” al servicio de la salud



Diario Libre fue la “sombra” de un residente de la Maternidad La Altagracia durante una mañana y tuvo acceso a lugares donde la prensa no había entrado.  Son las 10:00 de la mañana y Karla (nombre ficticio) se prepara para operar a una embarazada en el Hospital Universitario Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia. Tiene un mes y 18 días que dio a luz con cesárea. Su mente se encuentra con la recién nacida.
—El pasado fin de semana dejé la niña con una señora que tenía 15 días en mi casa, este fin de semana ella estaba libre, y me tocó otra vez hacer guardia en el hospital, mi esposo se fue a trabajar y tuvo que dejar la niña con mi mamá, pero mi madre trabaja, por lo que tuvo que dejársela en su trabajo —relata la R3 (médico residente de tercer año) mientras avanza hacia la sala de cirugía.
En el territorio nacional, a las médicos residentes luego de alumbrar solo les otorgan 15 días libres si el parto fue normal y 20 con cesárea. En otros centros, 10 y 15 días, respectivamente.
—Recibimos el sueldo de Salud Pública solamente. En el contrato de residencia está prohibido que tengamos otro trabajo. Son alrededor de RD$36 mil el más alto, el más bajo RD$30, 400 —informó la R4 Rhadamelcis Castro, al ser cuestionada sobre este aspecto.
El Código de Trabajo de República Dominicana establece en su artículo 237 que: el descanso pre y post-natal nunca será menor de doce semanas. Esta cantidad aumentó a 14 semanas en febrero pasado, luego de que entrara en vigencia el Convenio 183 sobre Protección de la Maternidad de la Organización Internacional de Trabajo (OIT). Sin embargo, los médicos se rigen por un Reglamento de Residencias Médicas en el que les advierte de sanciones por incumplimientos. Ver Reglamento adjunto.
—Es algo inhumano, no piensan en el niño ni en la madre, porque tú vienes recién operada y tienes que cargar a los pacientes que están en cirugía, para pasarlos a la camilla y transportarlos porque aquí no hay suficientes camilleros —relata otra residente.
Cuando el estudiante concluye la carrera de Medicina y quiere especializarse en una de sus ramas, debe optar por estas residencias médicas. Comienzan como residentes de primer año (R1 en el lenguaje médico) y cada número de la R es un año de práctica y estudios. La especialidad dura cuatro años. Para graduarse, deben llegar a R4.

“Es algo inhumano, no piensan en el niño ni en la madre, porque tú vienes recién operada y tienes que cargar a los pacientes que están en cirugía, para pasarlos a la camilla y transportarlos porque aquí no hay suficientes camilleros”, relata una residente cuyo nombre se omite.

“Hay subespecialidades, como Ginecología Oncológica o Endocrinología, donde hay que hacer tres años más, por eso hay R5, R6 y R7, igual en Pediatría. El R1 es el que más trabaja, hace de todo, es pura mano de obra. El R2 es clínico, deciden si pueden entrar a sala y R3 es quirúrgico, es quien opera, el R4, es gerente, pero hace todo también”, explica Castro.
Siendo especialistas en el área elegida, pasan a ser médicos ayudantes (MA) y son los responsables de supervisar a los residentes.
A las 11:00 de la mañana y tras casi tres horas pasando visita sin descanso sala por sala junto a la MA Evelin Matos, la R4 Rhadamelcis Castro y un R3, el cansancio se comienza a sentir. Se ha revisado el récord de unas 60 pacientes, 15 por cada sala.
Cuando hacen guardia, los residentes dominicanos suelen trabajar alrededor de 36 horas continuas. El cansancio influye en la comisión de errores, dicen.
Revisando el expediente, la MA se da cuenta de que dos embarazadas que estaban para parir el día anterior permanecen en sala. La encargada establece sanciones a los residentes responsables; a estos le extienden sus horas de guardia. Las mujeres, ambas haitianas, tenían 38 semanas de embarazo. Pide canalizarlas para operarlas de inmediato.
En 2015 este centro de salud encabezó la lista de los hospitales con mayor número de muertes maternas en el país.  En una de las salas, Diario Libre conversa con uno de los residentes. Habla sobre las dificultades que enfrentan para hacer su trabajo. Subraya que los fines de semana, les falta equipos para trabajar.
En las bandejas de cirugía faltan pinzas, cauterio, aspiradores, más bandejas para cirugía, a veces tenemos carencias de hilos. No hay un lavadero decente para lavarnos las manos antes de entrar a sala de cirugía —.
En adición, explica, que los fines de semana solo dejan dos enfermeras de servicio, a veces hay dificultad con el personal de limpieza para que higienice a tiempo los quirófanos. Es una situación que no se presenta en la semana.
—Es como tener varios hospitales en un día. De 6:45 a 2:00 de la tarde, en la semana, aquí hay de todo y mucho personal. Pides un Dren (bolsa que colecta el líquido que hay en la cavidad) a esas horas, y aparece, si pasa de tarde y lo pides no aparece, tampoco de noche. Los fines de semana, las encargadas de departamento dejan todo bajo llave, eso dificulta el trabajo de los residentes —detalla.
Una señora reparte sábanas a las parturientas para que cambien la ropa de cama. Mientras una bachata de fondo sale al sonar el celular de una embarazada. El residente sigue su relato.
—Para el fin de semana ellas dejan cinco lápiz de cauterio, que es un aparato electrónico que si hay un vasito sangrando, le doy y deja de sangrar, eso es muy bueno para operar porque las pacientes sangran menos y hay menos anémicas. En cinco pacientes esos cinco lápices se acaban; si se presenta una emergencia no hay lápiz —precisa   En este hospital, es común ver pacientes “anémicas”, con hemoglobina en 7 y 9, mientras pasan visita. A algunas les piden depositar sangre para transfundirla, pero en el centro “no hay pintas”; es una deficiencia que impera en el lugar.
— ¡Rebeca te vas de alta! —se escucha decir a la MA, mientras continúa pasando visita. La MA se sorprende al ver que a una paciente de 18 años la “prepararon para no tener hijos”. Al ser cuestionada, explica, que la joven ha tenido tres embarazos con niños deformes y mueren al nacer. Nunca se hizo evaluaciones para saber el origen.
Al final de la explicación, el paso de un ratón detrás de las camas de dos parturientas, una con recién nacido en mano, capta la atención de la periodista. ¿Suele haber ratones aquí? pregunta. No, pero si en el patio, responden.
Este centro de salud recibe una gran afluencia de pacientes. El año pasado, practicaron 6,902 partos vaginales y 8,176 por cesárea.
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Es temporada baja en el hospital y se puede apreciar una paciente por cama. Para esta época, atienden entre 90 y 100 pacientes por día. Desde agosto a noviembre, esa cantidad se duplica. En las camas puedes encontrar hasta tres mujeres sentadas, confirma el personal.
La R4 Rhadamelcis Castro se dirige a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Allí hay tres mujeres en estado delicado. Una de ellas, “por un bloqueo masivo debido a una anestesia mal colocada por uno de los residentes”, explica. Castro le revisa el abdomen; lo encuentra más abultado de lo normal.
Las pacientes en estado crítico quedan en manos de otros residentes. Castro, de 32 años, pasa a inspeccionar los quirófanos. Allí a dos mujeres les hacen cesárea.
—Ahí vimos un R3 que opera y un R2 que lo instrumenta —expresa mientras se dirige a Sala de Expulsivo a realizar un parto normal.
Se coloca unos guantes, chequea los centímetros a la paciente y pasan a una camilla ginecológica. La joven criolla coloca los pies en alto, puja con evidentes signos de dolor en su rostro, la residente ensancha la pelvis y de manera diestra ayuda a sacar el neonato de siete meses. Al lado, un personal de limpieza sanea el área. El lugar no tiene privacidad.
La labor de parto tardó unos cuatro minutos. Otros residentes se encargarán de concluir. A las 12:00 del mediodía, Castro se dirige a tomar el desayuno, su primer bocado del día. Lo irrumpe los gritos de una joven, de 17 años, en el pasillo que intentaba “fugarse”.
Los fines de semana a los residentes les faltan equipos
En las bandejas de cirugía faltan pinzas, cauterio, aspiradores, más bandejas para cirugía, a veces tienen carencias de hilos. No hay un lavadero decente para lavarse las manos antes de entrar a sala de cirugía. Los fines de semana solo dejan dos enfermeras de servicio, a veces hay dificultad con el personal de limpieza para que higienice a tiempo los quirófanos.
— ¡Quiero irme de aquí, ya tengo seis días! —manifiesta, sudorosa. En sus manos carga la criatura a la que dio a luz el día anterior con cesárea. El neonato no ha comido desde entonces. Los residentes les dicen que no puede marcharse hasta que llegue un tutor. Un grupo de cuatro, intenta calmarla. Es un episodio común en el centro, aseguran. Mientras, Castro sube al tercer piso a atender una emergencia que se presentó en quirófano.
Son las 12:30 y el tiempo de Diario Libre en el hospital concluye. La MA se presenta a calmar la joven que quiere marcharse. A los residentes aún les queda una larga jornada de trabajo.