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SAO PAULO. La corrupción, la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y la recesión económica han minado al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que busca una salida a su crisis y ve en Luiz Inácio da Silva a su “salvador” para las elecciones de 2018.
El partido ha comenzado a preparar el terreno de cara a su sexto Congreso Nacional, en el que pretende entonar el mea culpa y reformular la línea política de la formación, la cual dio un criticado giro liberal durante la Presidencia de Rousseff.
La sigla se encuentra dividida sobre cuál debe ser ahora su rumbo y las alas más radicales de la formación apuestan por potenciar sus raíces socialistas para reconquistar el apoyo de la clase trabajadora.
“En mi opinión de lo que se trata es de dar un giro a la izquierda, entendiendo por eso recuperar el apoyo de la clase trabajadora, destacar la importancia de la lucha social y reafirmar el compromiso del partido con el socialismo”, aseguró a Efe el historiador y dirigente del PT, Valter Pomar.
Mientras se define su hoja de ruta, el partido parece haber llegado a un consenso sobre su candidato para las elecciones de 2018: el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien se encuentra acorralado por la Justicia por su presunta implicación en el caso de corrupción en Petrobras.
El apoyo a su candidatura va más allá de los debates internos y unos 400 intelectuales, artistas y activistas, entre ellos el cantautor Chico Buarque, lanzaron esta semana un manifiesto para pedir a Lula que evalúe la posibilidad de iniciar inmediatamente su carrera electoral a fin de garantizarle “al pueblo brasileño la dignidad, el orgullo y la autonomía perdidas”.
Lula, sin embargo, mantiene un perfil bajo desde el pasado enero cuando su mujer, Marisa Letizia Rocco, falleció por un derrame cerebral, el cual algunos militantes atribuyen a las presiones sufridas por las denuncias de corrupción que también le salpicaron.
Sus allegados creen que el golpe, en vez de debilitarle, dará más fuerza a un animal político de la talla de Lula, uno de los líderes más carismáticos de Brasil y que gobernó el país entre 2003 y 2010.
Además de asumir la candidatura, Lula podría tomar las riendas del partido, en sustitución del actual presidente del PT y fiel escudero, Rui Falcao, aunque hay cierta divergencia sobre si el exmandatario debería o no asumir ese cargo.
“La mayoría de la base partidaria quiere el lanzamiento inmediato de Lula a la Presidencia de la República, pero sobre la presidencia del PT, hay divergencias. Creo que la tarea de Lula es la de luchar por la Presidencia de la República. Hay otras personas capaces de dirigir el partido”, agregó Pomar.
En la búsqueda de su propio horizonte, algunos sectores del partido han comenzado a enterrar el discurso del supuesto “golpe” que supuso la destitución de Rousseff y la idea de unas elecciones anticipadas tras ese episodio que llevó al poder al entonces vicepresidente y actual mandatario, Michel Temer.
No obstante, existen desencuentros en el seno del partido sobre si optar por el pragmatismo o apostar por las convicciones. Esa disyuntiva quedó en evidencia durante la reciente elección de los presidentes de las cámaras legislativas, especialmente en el Senado.
Eunicio Oliveira, sospechoso de haber participado en hechos de corrupción, fue elegido este año jefe de la Cámara alta con el apoyo de la base política de Temer y también algunos de los senadores del PT, lo que generó un principio de crisis en la formación.
En el camino hacia las comicios de 2018, el PT, que fue barrido en las elecciones municipales del pasado año, también deberá enfrentar las acusaciones por corrupción que recaen sobre sus espaldas y que han tomado cuerpo con una declaración ante las autoridades electorales del expresidente del grupo Odebrecht Marcelo Odebrecht.
Según la prensa local, Odebrecht dijo que entregó para la campaña de Rousseff en 2014 la suma de 150 millones de reales (hoy 48,3 millones de dólares) y que al menos una tercera parte del dinero fue negociada con el ahora exministro de Hacienda Guido Mantega, a cambio de unas medidas que favorecían los negocios del grupo.
Alba Santandreu

El PT busca una salida a su crisis y ve en Lula un “mesías” para 2018



SAO PAULO. La corrupción, la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y la recesión económica han minado al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que busca una salida a su crisis y ve en Luiz Inácio da Silva a su “salvador” para las elecciones de 2018.
El partido ha comenzado a preparar el terreno de cara a su sexto Congreso Nacional, en el que pretende entonar el mea culpa y reformular la línea política de la formación, la cual dio un criticado giro liberal durante la Presidencia de Rousseff.
La sigla se encuentra dividida sobre cuál debe ser ahora su rumbo y las alas más radicales de la formación apuestan por potenciar sus raíces socialistas para reconquistar el apoyo de la clase trabajadora.
“En mi opinión de lo que se trata es de dar un giro a la izquierda, entendiendo por eso recuperar el apoyo de la clase trabajadora, destacar la importancia de la lucha social y reafirmar el compromiso del partido con el socialismo”, aseguró a Efe el historiador y dirigente del PT, Valter Pomar.
Mientras se define su hoja de ruta, el partido parece haber llegado a un consenso sobre su candidato para las elecciones de 2018: el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien se encuentra acorralado por la Justicia por su presunta implicación en el caso de corrupción en Petrobras.
El apoyo a su candidatura va más allá de los debates internos y unos 400 intelectuales, artistas y activistas, entre ellos el cantautor Chico Buarque, lanzaron esta semana un manifiesto para pedir a Lula que evalúe la posibilidad de iniciar inmediatamente su carrera electoral a fin de garantizarle “al pueblo brasileño la dignidad, el orgullo y la autonomía perdidas”.
Lula, sin embargo, mantiene un perfil bajo desde el pasado enero cuando su mujer, Marisa Letizia Rocco, falleció por un derrame cerebral, el cual algunos militantes atribuyen a las presiones sufridas por las denuncias de corrupción que también le salpicaron.
Sus allegados creen que el golpe, en vez de debilitarle, dará más fuerza a un animal político de la talla de Lula, uno de los líderes más carismáticos de Brasil y que gobernó el país entre 2003 y 2010.
Además de asumir la candidatura, Lula podría tomar las riendas del partido, en sustitución del actual presidente del PT y fiel escudero, Rui Falcao, aunque hay cierta divergencia sobre si el exmandatario debería o no asumir ese cargo.
“La mayoría de la base partidaria quiere el lanzamiento inmediato de Lula a la Presidencia de la República, pero sobre la presidencia del PT, hay divergencias. Creo que la tarea de Lula es la de luchar por la Presidencia de la República. Hay otras personas capaces de dirigir el partido”, agregó Pomar.
En la búsqueda de su propio horizonte, algunos sectores del partido han comenzado a enterrar el discurso del supuesto “golpe” que supuso la destitución de Rousseff y la idea de unas elecciones anticipadas tras ese episodio que llevó al poder al entonces vicepresidente y actual mandatario, Michel Temer.
No obstante, existen desencuentros en el seno del partido sobre si optar por el pragmatismo o apostar por las convicciones. Esa disyuntiva quedó en evidencia durante la reciente elección de los presidentes de las cámaras legislativas, especialmente en el Senado.
Eunicio Oliveira, sospechoso de haber participado en hechos de corrupción, fue elegido este año jefe de la Cámara alta con el apoyo de la base política de Temer y también algunos de los senadores del PT, lo que generó un principio de crisis en la formación.
En el camino hacia las comicios de 2018, el PT, que fue barrido en las elecciones municipales del pasado año, también deberá enfrentar las acusaciones por corrupción que recaen sobre sus espaldas y que han tomado cuerpo con una declaración ante las autoridades electorales del expresidente del grupo Odebrecht Marcelo Odebrecht.
Según la prensa local, Odebrecht dijo que entregó para la campaña de Rousseff en 2014 la suma de 150 millones de reales (hoy 48,3 millones de dólares) y que al menos una tercera parte del dinero fue negociada con el ahora exministro de Hacienda Guido Mantega, a cambio de unas medidas que favorecían los negocios del grupo.
Alba Santandreu