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PUEBLO VIEJO, Azua. Rafael Enrique (Manego) García, agricultor de este municipio, con pocos recursos y una recia voluntad para hacer parir la reseca tierra de la zona, ha cultivado una sembradío de palmeras datileras en unas 20 tareas, que espera ver replicadas en el árido suroeste, donde estas plantas pueden contribuir a transformar la economía agrícola de la región.
Dice que aspira a llamar la atención del presidente Danilo Medina, quien a través de sus famosas “visitas sorpresas”, ha estado apoyando cultivos de frutos exóticos como la pitahaya.
García, que empezó en el 2008 haciendo un vivero de dátiles para el señor Manuel Tavares, oportunidad que tuvo a través de su fenecido amigo Junior Rodríguez, hoy posee una plantación de 800 palmeras entre Guayacanal y Pueblo Viejo.
Tras vencer innumerables dificultades personales y económicas, logró en el 2012 acondicionar su plantación, sin asesoría técnica, pues a pesar de que las autoridades del Ministerio de Agricultura de Azua están informadas acerca de su sembrado no se han interesado por darle seguimiento a ese cultivo de alto potencial económico.
Para hacer los viveros y mantener la plantación ha tenido que endeudarse, pues es un hombre de escasos recursos, residente en una zona deprimida. “Todo lo he hecho solo. Le debo a cada santo una vela. Le he quedado mal a medio mundo”, agregó.
Al pregúntesele cómo ha logrado mantener la plantación, pese a sus carencias económicas, dijo: “Soy un virtuoso porque a todo lo que hago le pongo amor. Ahí está la plantación, pensando en la región sur. Ojalá el presidente se interese en apoyar un proyecto grande de palmeras datileras en tanta tierra árida de la zona”, dijo.
García, de 71 años, fue candidato a síndico de Pueblo Viejo por Alianza País en las pasadas elecciones y presidio la Junta Central Electoral durante nueve años en su comunidad.
También estuvo a cargo del cuidado de las ruinas de Pueblo Viejo, mientras laboró para Patrimonio Monumental, y trabajó durante 18 años para la Universidad Autónoma de Santo Domingo como empleado. Es un ambientalista convencido, una persona muy reconocida en su comunidad por su vocación de servicio.
La palmera datilera
Los frutos de las palmeras datileras son los dátiles, producto costoso y de alto consumo en todo el mundo, pues se utiliza mucho en la culinaria.
Las plantas crecen en el desierto y en zonas áridas, como las tierras del suroeste dominicano.
Es una planta nativa del norte de África o Arabia. Las cultivaron por primera vez antiguas gentes del Irak actual, hace alrededor de unos 3, 000 antes de Cristo.
Ha tenido gran importancia para distintos pueblos. Para los caldeos y árabes era el árbol de la vida; significaba la fertilidad, para los hebreos; para los griegos, representaba el triunfo, y para los fenicios era sagrada (Dios Palmera).
Numerosas palmas datileras aparecen en cada oasis, cursos de agua y jardines, a través de amplias áreas desde Marruecos hasta Arabia.
Su cultivo fue introducido en la mayoría de países tropicales o subtropicales por los primeros misioneros españoles.

Agricultor pide al presidente que apoye cultivo de palmeras datileras en el sur



PUEBLO VIEJO, Azua. Rafael Enrique (Manego) García, agricultor de este municipio, con pocos recursos y una recia voluntad para hacer parir la reseca tierra de la zona, ha cultivado una sembradío de palmeras datileras en unas 20 tareas, que espera ver replicadas en el árido suroeste, donde estas plantas pueden contribuir a transformar la economía agrícola de la región.
Dice que aspira a llamar la atención del presidente Danilo Medina, quien a través de sus famosas “visitas sorpresas”, ha estado apoyando cultivos de frutos exóticos como la pitahaya.
García, que empezó en el 2008 haciendo un vivero de dátiles para el señor Manuel Tavares, oportunidad que tuvo a través de su fenecido amigo Junior Rodríguez, hoy posee una plantación de 800 palmeras entre Guayacanal y Pueblo Viejo.
Tras vencer innumerables dificultades personales y económicas, logró en el 2012 acondicionar su plantación, sin asesoría técnica, pues a pesar de que las autoridades del Ministerio de Agricultura de Azua están informadas acerca de su sembrado no se han interesado por darle seguimiento a ese cultivo de alto potencial económico.
Para hacer los viveros y mantener la plantación ha tenido que endeudarse, pues es un hombre de escasos recursos, residente en una zona deprimida. “Todo lo he hecho solo. Le debo a cada santo una vela. Le he quedado mal a medio mundo”, agregó.
Al pregúntesele cómo ha logrado mantener la plantación, pese a sus carencias económicas, dijo: “Soy un virtuoso porque a todo lo que hago le pongo amor. Ahí está la plantación, pensando en la región sur. Ojalá el presidente se interese en apoyar un proyecto grande de palmeras datileras en tanta tierra árida de la zona”, dijo.
García, de 71 años, fue candidato a síndico de Pueblo Viejo por Alianza País en las pasadas elecciones y presidio la Junta Central Electoral durante nueve años en su comunidad.
También estuvo a cargo del cuidado de las ruinas de Pueblo Viejo, mientras laboró para Patrimonio Monumental, y trabajó durante 18 años para la Universidad Autónoma de Santo Domingo como empleado. Es un ambientalista convencido, una persona muy reconocida en su comunidad por su vocación de servicio.
La palmera datilera
Los frutos de las palmeras datileras son los dátiles, producto costoso y de alto consumo en todo el mundo, pues se utiliza mucho en la culinaria.
Las plantas crecen en el desierto y en zonas áridas, como las tierras del suroeste dominicano.
Es una planta nativa del norte de África o Arabia. Las cultivaron por primera vez antiguas gentes del Irak actual, hace alrededor de unos 3, 000 antes de Cristo.
Ha tenido gran importancia para distintos pueblos. Para los caldeos y árabes era el árbol de la vida; significaba la fertilidad, para los hebreos; para los griegos, representaba el triunfo, y para los fenicios era sagrada (Dios Palmera).
Numerosas palmas datileras aparecen en cada oasis, cursos de agua y jardines, a través de amplias áreas desde Marruecos hasta Arabia.
Su cultivo fue introducido en la mayoría de países tropicales o subtropicales por los primeros misioneros españoles.