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PORTOVIEJO. Los supervivientes del terremoto de magnitud 7,8 que asoló Ecuador este sábado luchan por rehacer sus vidas desde carpas e improvisados refugios que, en la ciudad de Portoviejo, se construyen en espacios abiertos donde familias enteras han reunido las pertenencias que les quedan.
Camas, armarios e incluso estufas son algunos de los enseres que los ciudadanos de Portoviejo han podido recuperar tras la tragedia y que ahora conservan en el parque del Cayanbe, donde se reúnen quienes han perdido su casa a apenas unos trescientos metros.
Es el caso de Olga Quiroz, que convive con sus seis hijos en una precaria construcción cubierta con una chapa en la que apenas hay espacio para que ella caliente agua para el café, mientras uno de sus vástagos lava la ropa junto a la entrada.
“Vinimos cuando la tierra tembló y después poco a poco fuimos trayendo los muebles”, cuenta Quiroz a Efe sin perder la sonrisa.
Decidida a salir adelante, se prepara para cocinar lo que cada día consigue del paquete de alimentación que las autoridades le entregan, y que incluye arroz, pasta, café, pan y productos básicos de aseo.
Al otro lado del camino que atraviesa el parque, sobre el césped, los García se preparan para almorzar arroz con carne y zanahoria, mientras la ropa lavada esta mañana se seca al sol.
“Hay que seguir adelante, no dejarnos vencer. Que nos ayuden, que hace falta ayuda, pero del resto ya seguimos nosotros”, cuenta a Efe uno de los vecinos que viven en el lugar, que prefiere no ser identificado.
En otras carpas cercanas grupos de personas hablan sobre sus necesidades, mientras que otros venden agua y algunos alimentos y especulan sobre el tiempo que puede tardar la reconstrucción de Portoviejo, cuyo centro quedó devastado por el sismo.
Las familias que aquí se concentran son numerosas y jóvenes, con varios niños a los que vigilan constantemente para que no sufran con la escasez de alimentos y agua. Si sienten que las fuerzas fallan, acuden a una unidad móvil de atención sanitaria del Gobierno, que desde primera hora evalúa las condiciones físicas y psicológicas de los supervivientes que viven en Cayanbe.
A cargo de la unidad, una de las seis que hoy están en Portoviejo, está el doctor Esteban Mora, que hace inventario de los medicamentos que entrega gratis y controla que se atienda a cuantos se pueda antes de salir para otra zona de la ciudad.
“Aquí damos atención médica integral, lo que incluye atención psicológica, por emergencias o por demanda. Por el momento lo que más estamos viendo son afectaciones respiratorias altas por el polvo respirado cuando cayeron los edificios y reacciones alérgicas”, explica a Efe Mora, que viene de la provincia de Cotopaxi.
También están observando problemas de hidratación y debilidad por falta de alimentos, así como cuadros de estrés agudo, que puede durar hasta una semana.
Además de las seis unidades, a Portoviejo se han desplazado tres hospitales móviles.
El refugio de Cayanbe es grande y cuenta con el beneficio extra de tener en su interior una estación de Policía, algo fundamental por los robos que se están extendiendo por la ciudad.
Pese a ello, Quiroz y sus hijos duermen por turnos para vigilar que nadie les saquee, y quienes acampan en este parque avisan constantemente a los viandantes para que no se paren y guarden las cosas de valor que tengan.
“Acá hay muchos robos, y todo lo que roban aquí es para cambiarlo por droga”, dice a Efe un policía de la estación, que prefiere no ser identificado.
Cada noche vigilan el parque y sus alrededores cuatro agentes, una tarea compleja porque la vía que lo circunda se ha convertido en una de las arterias principales de la ciudad después de que el centro quedara destruido por el terremoto.
Cynthia de Benito

Los supervivientes luchan por rehacer su vida desde refugios improvisados



PORTOVIEJO. Los supervivientes del terremoto de magnitud 7,8 que asoló Ecuador este sábado luchan por rehacer sus vidas desde carpas e improvisados refugios que, en la ciudad de Portoviejo, se construyen en espacios abiertos donde familias enteras han reunido las pertenencias que les quedan.
Camas, armarios e incluso estufas son algunos de los enseres que los ciudadanos de Portoviejo han podido recuperar tras la tragedia y que ahora conservan en el parque del Cayanbe, donde se reúnen quienes han perdido su casa a apenas unos trescientos metros.
Es el caso de Olga Quiroz, que convive con sus seis hijos en una precaria construcción cubierta con una chapa en la que apenas hay espacio para que ella caliente agua para el café, mientras uno de sus vástagos lava la ropa junto a la entrada.
“Vinimos cuando la tierra tembló y después poco a poco fuimos trayendo los muebles”, cuenta Quiroz a Efe sin perder la sonrisa.
Decidida a salir adelante, se prepara para cocinar lo que cada día consigue del paquete de alimentación que las autoridades le entregan, y que incluye arroz, pasta, café, pan y productos básicos de aseo.
Al otro lado del camino que atraviesa el parque, sobre el césped, los García se preparan para almorzar arroz con carne y zanahoria, mientras la ropa lavada esta mañana se seca al sol.
“Hay que seguir adelante, no dejarnos vencer. Que nos ayuden, que hace falta ayuda, pero del resto ya seguimos nosotros”, cuenta a Efe uno de los vecinos que viven en el lugar, que prefiere no ser identificado.
En otras carpas cercanas grupos de personas hablan sobre sus necesidades, mientras que otros venden agua y algunos alimentos y especulan sobre el tiempo que puede tardar la reconstrucción de Portoviejo, cuyo centro quedó devastado por el sismo.
Las familias que aquí se concentran son numerosas y jóvenes, con varios niños a los que vigilan constantemente para que no sufran con la escasez de alimentos y agua. Si sienten que las fuerzas fallan, acuden a una unidad móvil de atención sanitaria del Gobierno, que desde primera hora evalúa las condiciones físicas y psicológicas de los supervivientes que viven en Cayanbe.
A cargo de la unidad, una de las seis que hoy están en Portoviejo, está el doctor Esteban Mora, que hace inventario de los medicamentos que entrega gratis y controla que se atienda a cuantos se pueda antes de salir para otra zona de la ciudad.
“Aquí damos atención médica integral, lo que incluye atención psicológica, por emergencias o por demanda. Por el momento lo que más estamos viendo son afectaciones respiratorias altas por el polvo respirado cuando cayeron los edificios y reacciones alérgicas”, explica a Efe Mora, que viene de la provincia de Cotopaxi.
También están observando problemas de hidratación y debilidad por falta de alimentos, así como cuadros de estrés agudo, que puede durar hasta una semana.
Además de las seis unidades, a Portoviejo se han desplazado tres hospitales móviles.
El refugio de Cayanbe es grande y cuenta con el beneficio extra de tener en su interior una estación de Policía, algo fundamental por los robos que se están extendiendo por la ciudad.
Pese a ello, Quiroz y sus hijos duermen por turnos para vigilar que nadie les saquee, y quienes acampan en este parque avisan constantemente a los viandantes para que no se paren y guarden las cosas de valor que tengan.
“Acá hay muchos robos, y todo lo que roban aquí es para cambiarlo por droga”, dice a Efe un policía de la estación, que prefiere no ser identificado.
Cada noche vigilan el parque y sus alrededores cuatro agentes, una tarea compleja porque la vía que lo circunda se ha convertido en una de las arterias principales de la ciudad después de que el centro quedara destruido por el terremoto.
Cynthia de Benito