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WASHINGTON. El aspirante demócrata Bernie Sanders y el republicano Ted Cruz se encomendaron este martes al largo calendario de primarias de EE.UU. para lograr el mismo objetivo: desbancar a los favoritos de sus respectivos partidos, afianzados en una jornada electoral que redujo el espacio para las alternativas.
El supermartes deparó victorias decisivas a la favorita demócrata, Hillary Clinton, que se llevó casi todos los estados del sur; y para el magnate Donald Trump, que continuó su impresionante racha en estados de variado perfil demográfico y económico.
Ambos celebraron su triunfo como si fueran ya los candidatos de su partido en las elecciones generales de noviembre, con Clinton atacando directamente a Trump y con el magnate definiéndose como el “unificador” de los republicanos.
La alternativa más sólida del supermartes fue Sanders, que ganó cuatro estados frente a las siete victorias de Clinton y exhibió músculo en el norte y el medio oeste del país.
Fue toda una reivindicación para Sanders, al que muchos -incluido Trump- dieron por vencido tras sus derrotas en Nevada y Carolina del Sur y al que la campaña de Clinton espera acorralar antes de que acabe este mes, gracias a la quincena de estados que celebran primarias en marzo.
La estrategia del rival de Clinton es alargar la contienda demócrata hasta junio, cuando vota California, el estado que más delegados otorga, y cosechar por el camino triunfos en territorios afines como Michigan y Nueva York.
“Nuestra campaña acaba de empezar. Vamos a llegar hasta la convención nacional en Filadelfia en julio”, cuando se elegirá al candidato demócrata para las elecciones generales, aseguró este martes Sanders en un comunicado.
El senador de 74 años se comprometió con sus seguidores a llevar su campaña a todos los estados que quedan por votar, un ambicioso proyecto al que algunos analistas auguran poco impacto.
“Sanders habría necesitado grandes victorias en los estados que ha ganado, con mucho más que un 20 % de ventaja, para tener la opción de superar su enorme déficit en el sur, donde la mayoría de los demócratas son afroamericanos”, opinó Nate Cohn, un analista de The New York Times, en un artículo en el diario neoyorquino.
En efecto, Clinton repitió este martes su hazaña en Carolina del Sur y prácticamente acaparó el voto afroamericano, evidenciando el gran problema de Sanders con ese colectivo.
Pero la exsecretaria de Estado sigue teniendo dificultades a la hora de atraer a los más jóvenes y los más progresistas del partido, lo que deja entreabierta la puerta a Sanders para seguir marcando el tono del debate entre los demócratas.
A medida que más estados del norte y el oeste celebren sus primarias, quedará claro si Sanders puede mantener viva su esperanza de hacerse con la candidatura.
De los 2.383 delegados necesarios para lograr la nominación demócrata, Sanders acumula hasta ahora unos 347 frente a los 984 de Clinton, impulsada en buena parte por el apoyo de los llamados superdelegados, funcionarios electos del partido que se reservan un sexto de los votos en la convención nacional.
En el lado republicano, los rivales de Trump lo tienen aún más complicado para frenar su innegable hegemonía: según el diario The Washington Post, ningún aspirante del partido desde 1960 ha logrado acaparar victorias en estados tan distintos como Massachusetts, Tennessee, Nuevo Hampshire, Nevada, Virginia y Carolina del Sur.
Cruz demostró con sus dos victorias del supermartes ser la alternativa más realista a Trump, al ser el único que le ha vencido en estados con un importante peso simbólico, como Iowa, y una gran atribución de delegados, como Texas.
“Mientras el partido siga dividido, la nominación de Trump parece más factible”, dijo Cruz después de imponerse en Texas y Oklahoma.
Su mensaje era un claro llamamiento para que el senador Marco Rubio, el gobernador John Kasich y el cirujano Ben Carson se retiren de la contienda y permitan que los hasta ahora dispersos esfuerzos por plantar cara a Trump se concentren en torno a una sola alternativa.
Pero Cruz, un senador con muy pocos amigos en Washington y posturas más conservadoras que Trump, no logró el impacto que esperaba en los estados del sur.
“Se esperaba que este fuera un mapa muy bueno para Cruz. ¡Es el sur! Y aún así, solo ganó dos primarias muy regionales. La razón es que no ha podido ampliar su atractivo a los votantes evangélicos en todo el país” después de conquistarlos en febrero en Iowa, explicó el analista Aaron Blake, del Washington Post.
Rubio, el gran favorito del aparato del partido republicano tras la retirada de Jeb Bush, logró justificar sus discursos triunfales con su primera victoria en unas primarias, las de Minesota.
Aunque la posibilidad de que Cruz o Rubio arrebaten la candidatura a Trump es cada vez más inviable, el ala más tradicional del partido se resiste a permitir una coronación del magnate, hasta el punto de que muchos analistas no descartan que la batalla llegue hasta la convención republicana en julio.
Lucía Leal

La difícil batalla de Sanders y Cruz para convertirse en alternativas viables



WASHINGTON. El aspirante demócrata Bernie Sanders y el republicano Ted Cruz se encomendaron este martes al largo calendario de primarias de EE.UU. para lograr el mismo objetivo: desbancar a los favoritos de sus respectivos partidos, afianzados en una jornada electoral que redujo el espacio para las alternativas.
El supermartes deparó victorias decisivas a la favorita demócrata, Hillary Clinton, que se llevó casi todos los estados del sur; y para el magnate Donald Trump, que continuó su impresionante racha en estados de variado perfil demográfico y económico.
Ambos celebraron su triunfo como si fueran ya los candidatos de su partido en las elecciones generales de noviembre, con Clinton atacando directamente a Trump y con el magnate definiéndose como el “unificador” de los republicanos.
La alternativa más sólida del supermartes fue Sanders, que ganó cuatro estados frente a las siete victorias de Clinton y exhibió músculo en el norte y el medio oeste del país.
Fue toda una reivindicación para Sanders, al que muchos -incluido Trump- dieron por vencido tras sus derrotas en Nevada y Carolina del Sur y al que la campaña de Clinton espera acorralar antes de que acabe este mes, gracias a la quincena de estados que celebran primarias en marzo.
La estrategia del rival de Clinton es alargar la contienda demócrata hasta junio, cuando vota California, el estado que más delegados otorga, y cosechar por el camino triunfos en territorios afines como Michigan y Nueva York.
“Nuestra campaña acaba de empezar. Vamos a llegar hasta la convención nacional en Filadelfia en julio”, cuando se elegirá al candidato demócrata para las elecciones generales, aseguró este martes Sanders en un comunicado.
El senador de 74 años se comprometió con sus seguidores a llevar su campaña a todos los estados que quedan por votar, un ambicioso proyecto al que algunos analistas auguran poco impacto.
“Sanders habría necesitado grandes victorias en los estados que ha ganado, con mucho más que un 20 % de ventaja, para tener la opción de superar su enorme déficit en el sur, donde la mayoría de los demócratas son afroamericanos”, opinó Nate Cohn, un analista de The New York Times, en un artículo en el diario neoyorquino.
En efecto, Clinton repitió este martes su hazaña en Carolina del Sur y prácticamente acaparó el voto afroamericano, evidenciando el gran problema de Sanders con ese colectivo.
Pero la exsecretaria de Estado sigue teniendo dificultades a la hora de atraer a los más jóvenes y los más progresistas del partido, lo que deja entreabierta la puerta a Sanders para seguir marcando el tono del debate entre los demócratas.
A medida que más estados del norte y el oeste celebren sus primarias, quedará claro si Sanders puede mantener viva su esperanza de hacerse con la candidatura.
De los 2.383 delegados necesarios para lograr la nominación demócrata, Sanders acumula hasta ahora unos 347 frente a los 984 de Clinton, impulsada en buena parte por el apoyo de los llamados superdelegados, funcionarios electos del partido que se reservan un sexto de los votos en la convención nacional.
En el lado republicano, los rivales de Trump lo tienen aún más complicado para frenar su innegable hegemonía: según el diario The Washington Post, ningún aspirante del partido desde 1960 ha logrado acaparar victorias en estados tan distintos como Massachusetts, Tennessee, Nuevo Hampshire, Nevada, Virginia y Carolina del Sur.
Cruz demostró con sus dos victorias del supermartes ser la alternativa más realista a Trump, al ser el único que le ha vencido en estados con un importante peso simbólico, como Iowa, y una gran atribución de delegados, como Texas.
“Mientras el partido siga dividido, la nominación de Trump parece más factible”, dijo Cruz después de imponerse en Texas y Oklahoma.
Su mensaje era un claro llamamiento para que el senador Marco Rubio, el gobernador John Kasich y el cirujano Ben Carson se retiren de la contienda y permitan que los hasta ahora dispersos esfuerzos por plantar cara a Trump se concentren en torno a una sola alternativa.
Pero Cruz, un senador con muy pocos amigos en Washington y posturas más conservadoras que Trump, no logró el impacto que esperaba en los estados del sur.
“Se esperaba que este fuera un mapa muy bueno para Cruz. ¡Es el sur! Y aún así, solo ganó dos primarias muy regionales. La razón es que no ha podido ampliar su atractivo a los votantes evangélicos en todo el país” después de conquistarlos en febrero en Iowa, explicó el analista Aaron Blake, del Washington Post.
Rubio, el gran favorito del aparato del partido republicano tras la retirada de Jeb Bush, logró justificar sus discursos triunfales con su primera victoria en unas primarias, las de Minesota.
Aunque la posibilidad de que Cruz o Rubio arrebaten la candidatura a Trump es cada vez más inviable, el ala más tradicional del partido se resiste a permitir una coronación del magnate, hasta el punto de que muchos analistas no descartan que la batalla llegue hasta la convención republicana en julio.
Lucía Leal